Desde que llegué, siempre me dijeron que de él me debía cuidar. Que era capaz de hacerme abortar ciertos sueños, por lo cabrón, jodido y estricto de su formato. ¿Te gusta leer? Espérate a que te toque con Moras, me decían. Cuando aparecía por el patio, su transito no era como el de cualquiera. Todos los murmuraban y me lo presentaban con el dedo. Lo definían como el colador de la carrera. El que cortaba sin piedad ni misericordia. Yo no me preocupaba, aún faltaba mucho para encontrármelo cara a cara. Antes había una barrera que se llamaba Grandes Ideas Políticas de Occidente 1. Ramo semestral e introductorio con el filósofo, sociólogo, teólogo y miles de cosas más, llamado Hugo Cepeda.Don Hugo era piola. Nos hacía leer, pero nos trataba con cariño. Era como si tu abuelito te hiciera clases. Se podía hablar y tirar la talla sin problemas. Relax completo, tanto así, que el examen final, nos hizo hacer un ensaño en que teníamos que explicar a un público común y silvestre, la importancia de los pensadores de esto que llamamos Occidente. Un poco de creatividad fue suficiente y si mal no recuerdo, fue uno de los pocos 7 que me saqué en un examen. Nadie reprobó el ramo.

 

Al volver al ruedo al año siguiente, Moras se mantenía inalterable como profesor de cátedra de la continuación: Grandes Ideas Políticas de Occidente 2, pero con una diferencia sustancial. Este ramo era anual. La verdad es que nunca compré sobre los cucos hacía Moras. Y es que mi generación mayor, se caracterizó desde el mechoneo, por venderla en demasía. Sin embargo, apenas llegué a la primera clase, caché que no era ninguna joda. No por su trato, ni nada. La presencia de alrededor de quince alumnos del año siguiente en la sala, me sirvió pa cachar cómo se venía la mano. Todo empeoró cuando nos tiró en la cara su currículo que era, sin mentirles, interminable. Había estudiado y enseñado en Europa y hablaba varios idiomas. Como diría Benny: “Un capo” Yo de a poco empecé a hundirme en la silla. Habló un poco de la materia, leyó la bibliografía y las unidades del ramo y yo seguía hundiendome. Pero la guea se puso color de hormiga cuando adelantó que el examen final era formal y oral. Quería imponer una nueva forma, que detalló más o menos así: “Alrededor de doscientas preguntas, con toda la materia del año, sacan tres papelitos de una tómbola y deben responder dos” Se lo dije al Mauro: “Había que leer o cagabamos”. “No había dudas”.

 

Pasaban las clases y Moras confirmaba todos sus pergaminos de una forma que provocaba aparte de admiración, temor y mucho. Leía párrafos textuales de los libros, realizaba esquemas en la pizarra, contextualizaba, comparaba, se abstraía, tiraba la talla. Un verdadero ¡hijo de puta! Y claro, era obvio. Nos miraba bajo el hombro. El tipo les tiraba mierda a los periodistas. A mi vilipendiaba carrera, la trataba como la peor guea del mundo. Pero no en mala onda, yo lo tomaba como una ironía de las buenas. Si hasta para eso tenía gracia.

 

Ahí yo entendí que lo que había leído en mi vida, era la nada misma. Ni siquiera una pincelada del mundo que me mostraba don Sergio. Algunos empezaron a faltar a clases y a los tres meses de iniciado el semestre, el profe ya vaticinaba un río de sangre al final de temporada. Vino la primera prueba y me leí todo. Pero todo. Escribí como malo de la cabeza, mínimo tres carillas por ambos lados y sólo me alcanzó para un 45. No era bueno, pero estaba con vida y eso me tranquilizaba.

 

Físicamente Moras tenía un problema en su cara. Su costado izquierdo había sido victima de una parálisis que intimidaba aún más, porque por más que uno intentara decir algo más o menos coherente, la mitad de su rostro no evidenciaba ni una aprobación, ni tampoco desagrado. Von Hagen, alias el “Jugo”, entenderán el por qué, se encargó de retratar con un plumón, su extraña fisonomía, en una de la paredes del por ese entonces imperdible lugar de cheleo y otras sustancias, llamado en primera instancia “La Terraza” y más tarde “Carmobar”, cuyo nombre los gueones de diseño se encargaron de engrupir, para pasar al diminutivo y definitivo “Carmo”.

 

Día viernes medio curao, usted comprenderá, era imposible no pasar por dicho lugar y cagarse de la risa, y por qué no, maldecirlo. Llegó la primavera, el calorcito, las fiestas de la U, y la segunda prueba a la vuelta de la esquina. A todo esto, dos pruebas en el semestre. La primera de 30% y la segunda de 40. Olvídate de un taller o un trabajo para subir nota. Cero posibilidad, ni siquiera de negociar. Nada. Mientras tanto, la asistencia seguía en caída libre, incluida mi persona y por el aula pasaban los pensamientos de Kant, Nietzche, Rousseau y el maldito libro de “Critica a la Modernidad” del avanzado Michel Foucault, entre tantos más. Yo después llegaba, me conseguía los capítulos, los fotocopiaba y los empezaba a apilar uno arriba de otro, pero no leía. El tema es que de cien hojas pasamos a la friolera de más de quinientas. Un drama. El sólo intento de meterse a leer algo me provocaba escozor, menos sin la materia de clases que era fundamental.

 

Como dos días antes lo hice, por la poca responsabilidad que me quedaba en esa época medía turbia de mi vida. Obviamente no alcancé a leer todo. Ni cagando. Leí lo que pude y por tanto dejé algunos textos sin revisar. El día de la prueba, que a todo esto contenía tres preguntas, no me sabía una, así que estaba condenado. Me saqué un tres pelao. Mi sangre correría. Además yo andaba con la motivación por el suelo. Ya tenía decidido salirme de la carrera y la verdad no me interesaba mucho, pero opté por jugármela. No perdía nada.

 

Se acercaba la fecha del examen y el nerviosismo cundía. Necesitaba alrededor de un 4,5, tal como la gran parte de mis compañeros. Estudiaba por partes y hacía resúmenes, pero ahora las quinientas hojas se habían transformado en cerca de ochocientas sumando lo de la primera prueba. Ese era el desafío: leerlas y cachar pa donde iba la micro.

 

Con mis queridos compañeros no se nos ocurrió nada mejor que juntarnos el día anterior al examen para repasar y aclarar dudas existenciales en casa del Zorrón o Pepe Corti, según usted prefiera. Ese día en la tarde arreglé mi terno, limpié los zapatos, metí el puñado de hojas en el bolso y partí hasta el departamento de ubicación cercana a la U. El tema es que el Zorrón vivía solo y justo abajo había una botillería de horario extendido, lo que era una tentación extrema, pero a la que ninguno estaba dispuesto a ceder por el momento.

 

Tipo 8 de la noche, la cosa marchaba bastante bien. Hablábamos y discutíamos cada uno con sus apuntes. El que se sabía mejor alguna parte de la materia la explicaba al resto. Puta increíble. De vez en cuando, nos íbamos del tema y empezábamos a hablar del último carrete y nos preguntábamos si en definitiva éste con esta habían intimado. Al rato algo de fútbol y tallas personales, pero nada grave.

 

Tipo 11 comenzó la desesperación. Empezaron a salir cosas que algunos no habíamos considerado como importantes y no faltaba el gueón que te decía: ¿No leíste eso? “Won va segura, el profe me dijo” PTM!!! Unos me cagaban de honda a mí y yo de puro maricón me cagaba a otros. La psicosis llegó a tal punto que hasta el número de página era fundamental para el éxito. Se fueron sumando conceptos, ideas y voladas personales que eran insoportables e imposibles, hasta que el dueño de casa habló.

 

“Cabros yo digo que nos relajemos, podríamos comprar unas chelitas o un pisquito y nos calmamos porque así estamos cagados, después retomamos el hilo”. El que calla otorga y nos nosotros no dijimos ni pío.

 

Pusimos algo de música, Rata Blanca y los Cadillacs, si mal no recuerdo, y empezamos a relajarnos. Pero me faltaba. El dueño de casa no era cualquier tipo. No señores. Un poco mayor que nosotros, Zorrón era conocido como el Canitrot del curso. Se las sabía por libro. El gueón que siempre tenía la palabra justa para convencer a la mina que quería y al profe que quería. Siempre cuenteando y bravo pa la copia. Pero el Zorrón tenía las cosas claras: Salir lo antes posible del U, en una de esas trabajar en la tele y si no, laburar en Codelco que era donde mismo trabajaba su viejo, así que estaba más que movido para hacerlo.

 

Tipo cuatro de la mañana nos estábamos contando la vida y nuestros ataos de minas, rajas, pero raja de curaos. No había nada más que hacer. Cada uno mata su toro y la suerte ya estaba echada. Nunca más volvimos a pillar el hilo que habíamos dejado.

 

Ni les explico la caña del día siguiente. Nos bañamos y partimos a esperar nuestro turno, que era por sorteo. A las 8 de la mañana en punto. Pasaron casi todos los de la noche anterior y ninguno aprobaba. Me tocó a mí y tampoco. Necesitaba un 4.5 y el profe me puso un 4. Una respuesta buena y otra más o menos. Me cagó Foucault, justo el capitulo que no leí. Moras me preguntó que nota necesitaba y cuando le respondí, me miró y me dijo: “Creo que lo mejor es que nos veamos el otro año, te falta un poco Andrés”. Yo me quedé callado porque tenía razón y no soy naita llorón.

 

El funeral instalado afuera. Pensando en la paja del año siguiente. Yo igual estaba tranquilo, total se suponía que no volvería el Marzo siguiente. En eso, salió el Zorrón con una sonrisa de oreja a oreja, como diciendo: “Cabros, la hice de nuevo”. Y si la hizo. La leyenda cuenta que cuando le tocó responder una pregunta sobre Kant, ejemplificó y contextualizó con la realidad chilena en el año 73, mezclado con las consecuencias de la guerra fría, la revolución bolchevique y con las ganancias de la tía que vende completos con bebida por 650 pesos. Los que estaban presentes dicen que Moras se quedó callado un rato, lo miró y le dijo: “Rodrigo, la genialidad se premia, tienes un siete”. ¿De adónde sacó tanta labia? Eso es lo que aún nos preguntamos todos. Y necesitaba un 5.8. Estaba más perdido que todos y pasó el ramo, terminó en los cinco años y ahora trabaja en Codelco.

 

Yo al año siguiente volví con la cola entre las piernas, asumiendo que mi estadía se extendía definitivamente por un año más. Para mi suerte, cambiaron la malla y el ramo lo habían dividido en dos semestrales y con Sergio Moras incluido. Lo que pedagógicamente está demostrado que es mucho más afable y asegura un final menos apocalíptico que un ramo anual. Lo pasé sin problemas y puchas que me gustó Foucault, aún guardo los apuntes. Sin duda, aprendí más que de haberlo pasado antes, gracias a una inspiración casi divina.

 

Ayer me encontré con Moras en el Metro. Yo mirando el piso, colgado de los audífonos, cuando veo una mano estirada que se me acerca. Levanté la vista y era el mismo con su cara chueca, su lentes, su maletín y el abrigo azul. “Como está señor”, me dijo, mientras me hacía mierda la mano con el apretón. “Profe cómo está”, le respondí medio sorprendido. Y yo que justo le había comentado a mi chascona sobre su existencia el viernes en la noche.

 

Le pregunté por su programa de jazz que tiene en la radio de la U y me dijo que estaba fascinado. Me preguntó si a mí me gustaba. Yo le dije que claro, los clásicos, los que conocemos casi todos. Aunque le hice saber que conocía mucho más sobre las fusiones del jazz con el funk o acid jazz o nu jazz. Me preguntó por Herbie Hancock y hablamos del disco Head Hunters. Le pregunté sobre Maceo Parker y terminamos hablando de toda la banda que acompañaba primero a James Brown y después a George Clinton. Hablamos del nuevo catalogo de la Blue Note y quise ir más allá recomendandole a la banda chilena Aluzinati y a Yuyo de Negro Quinteto. Le di sus myspace. Quedamos en que un día me invitaría a su programa para que habláramos de esta arista. Encantado, sería un honor, le dije. La señorita anunció por el parlante la próxima estación y al rato me volvió a hacer mierda la mano. Yo me quedé pensando. Puta el viejo capo.



8 Responses to “Sergio Moras Opazo”  

  1. 1 Carlos

    Muy buen blog, le felicito. Tal vez le interese EL ARTE DE LA VENTAJA, libro virtual para descargar en

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    Un saludo

  2. 2 roxana

    hola andrés…

    me gusta cuando goteas esos recuerdos…algo se conjura siempre que hay corazón…yo cacho que las coincidencias tienen que ver con eso : siempre hay algo que lanzamos al aire,como un eco que va y vuelve y a veces se queda y se camina un rato y se conversa y se emociona…”las cosas que vemos son las mismas que llevamos dentro”…supongo que la admiración , asi como el amor , de cualquier tipo , no es otra cosa que la proyección de esa mirada …

    un beso Andrés…cuidate mucho…

    mi amor…

    nos vemos…

  3. 3 Rodrigo

    Oi, achei teu blog pelo google tá bem interessante gostei desse post. Quando der dá uma passada pelo meu blog, é sobre camisetas personalizadas, mostra passo a passo como criar uma camiseta personalizada bem maneira.(If you speak English can see the version in English of the Camiseta Personalizada. Thanks for the attention, bye). Até mais.

  4. 4 Paulilla

    muy bueno!!! que buena pluma llevas en la sangre!

    quedé pegada… siempre el profe más jodido resulta darnos gratas lecciones y sorpresas.

    Que estés bien

  5. 5 Renecito

    buena, navegando por hay me encontre con tu articulo del profe moras… esta chistozo me rei arto, t felicito, si esa era la dia lo lograste…. pero… al parece como ke no aprendiste muxo con el las clases de moras, o tienes un coabulo cerebral intrinseco de los periodistas…

    el libro critica de la modernidad no es de Michel Foucault es de ALAIN TOURAINE…

    como diria moras: que mas se puede pedir, despues de todo eres periodista.

  6. 6 andrés

    toda la razón compadre
    toda una deformación profesional en todo caso. Punto pa ti

  7. 7 Anonymous

    Toda la razón viejo, el profe Sergio Moras es como el dios en la tierra, el sabe todo.
    Ya he tenido un ramo con él (teoría social) y sufrí como condenado, me identifique con tu añigo del 7 porq yo también me saque esa nota pero a puro huevo.
    Ahora tengo Ideas Políticas del Occidente con él, llevo recién una catedra y se ve ultra complejo, buen blog viejo, saludos de un alumno de Sergio Moras.

  8. 8 jose

    me quede pegado cuando lo empece a leer, muy bueno !! todo que a pasado por la universidad, obviamente en una universidad buena o carrera buena, vivio algo similar con algun profe y con algun compañero que uno no sabe como paso jaHAJhjahJAHa


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