Día de Navidad y yo aún dormía. Desde el living mi hermana y tras un paso raudo por los flash de la BBC, pega el grito avisando el grave suceso. Había muerto James Brown – y claro – mi corazón se apretó. Me levanté y miré su foto colgada en mi pieza. Busqué en el computador el Live at Apollo del 56, subí el volumen y me volví a acostar.Y es que Brown llegó casi por casualidad a mi vida a los 16 años. En ese tiempo sólo sabía que había pillado una hebra que era liderada por un blanco con voz de mina y que se hacía llamar Jay K. Pasé disco tras disco buscando explicaciones del por qué mi pierna reaccionaba casi instintivamente al pulso de ese ritmo. De atrás para adelante me encontré con muchos nombres e historias. Como todos, venía de un suburbio pobre en los Estados Unidos y con una infancia en donde el carácter se machacó producto de los constantes golpes de la vida.

Muchos años después tuve mi programa en la radio de la U de esas raíces musicales y necesitaba un nombre conceptual y ondero. Busqué, busqué y di con el. Enmarcaba la fuerza del canto, la reivindicación social de esos años y el eterno encanto de una música que sale desde lo más profundo del corazón. “Poder Negro” fue el nombre.

 

Meses después y por su visita a Chile, el Wikend del Mercurio le hizo una entrevista telefónica y el pelotuo del periodista titulo la nota con el mismo nombre. Una amiga me llamó con voz de tragedia “Andrés te copiaron el nombre” ¿Qué? y el resto de las W periodísticas casi al unísono. Ahora tengo esas páginas guardadas junto a muchas otras cosas más.

 

Estuve en ese concierto de la Quinta Vergara, pero no existe una pluma hiperkinetica que pueda dejar en estas líneas la sensación de ese día. Sólo decir que a pesar de la edad y de la voz un tanto desgastada, verlo en escena es uno de los momentos más memorables de mi vida.

 

He buscado y aún no he leído nada de merezca mi respeto por su deceso, sólo unas líneas ultra informativas, videos sueltos e imagines inconexas. En lo que leí me faltó pasión y ganas. Me imagine a tipos detrás de un escritorio chatos de hacer la pega que hacen. Sus pelos ya no se erizan como antes, en fin. ¡Que se jodan!

 

 

Yo en mi humilde y escondido blog le rindo un tributo por inventar el funk, por rapear en los años 60, por fastidiar a los señores de la Motown, por llamar a su gente a enorgullecerse de su color en compañía de Malcom X y Martín Luther King y por demostrar que una infancia tormentosa con cárcel incluida no impide luchar y conseguir esos sueños. Una vez escribí para un pasquín electrónico de esos, que a diferencia de muchos, James era una leyenda en vida y vaya que era cierto. Hoy tu gente te da el último aplauso en ese Apollo del Harlem que tantas veces llenaste. Contigo se fue el sentir y el canto de los tuyos. Por lo menos tengo la seguridad de que esto no acabará así como así. ¡Hey Godfhater!, déjate el afro más grande que puedas y elige el mejor traje. Que la joda sigue allá arriba eh.



One Response to “Que la joda sigue allá arriba eh”  

  1. 1 roxana

    desaparecer sin llamar la atención…

    y en este blog humilde y escondido, como dices tu, un homenaje sincero …

    buena andrés…

    the black power…que se mueva en la memoria…que sea cualquier cosa y…

    que sea.

    (amén)

    un abrazo…


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