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Hace un par de semanas atrás, me tocó reportear el concierto de Kevin Johansen en el Teatro Caupolicán. Una misión bastante agradable, ya que para mí el argentino representa a nueva camada de músicos latinoamericanos que han fusionado de muy buena manera lo más propio de nuestra tierra, con los afuerismos, que producto de la globalización, a veces parecen propios. Algunos lo denominan como un “degenerado musical” y estamos de acuerdo, junto a Drexler, son un nuevo aire a la música de autor de este lado del mundo.

El otro día en el departamento de la Elizabeth y el Rodrigo, la chascona se tropezó con la última edición de la Revista Rolling Stones, que en su portada trae al barrigón de Homero Simpsom nadando con la lengua afuera, a propósito de la comentada película que no estoy ni por ahí con ver. A la serie le reconozco el merito, sin embargo nunca la vi, ni tampoco quiero verla.

El tema es que ojeando y ojeando, pasaron los artículos sobre el fin de la era del disco, una crónica sobre Joe Strummer y el próximo docu a estrenar en Chile, sobre el líder de los “The Clash”; un chupamedias articulo sobre los supuestos guiños de “Alguien Te Mira” – serie que tampoco vi – a una interminable lista de grandes del genero a nivel mundial; Charles Manson en extenso; Apetito por la destrucción a propósito de los Guns y un variopinto de temas más, siempre en el estilo característico de la histórica magazine rolingera.

Todo iba como de costumbre, hasta que en la sección “En Vivo”, precisamente en la página 81, aparecía una reseña del concierto brindado por Johansen el pasado 27 de Junio, firmado por el periodista Sebastián Garay.

A penas vi la foto, le dije a la chascona podada que se apurara para poder leerla. Me entusiasme con la idea de poder comparar lo que yo había escrito, en contraposición con la que se supone es “la madre del periodismo” en torno a la música. Bebía sorbos de ron malo y aspiraba nicotina impaciente, mientras Fito hacía de las suyas en el pulento DVD del Naturaleza Sangre.

Está más que claro que esta edición chilensis comandada por Willoughby, hace lo que puede y sólo se acerca – bastante de lejos eso sí – de toda la historia que ha trasformado a la Rolling Stones en un mito. Aún así, por lo menos tenemos Rolling y eso igual se agradece. No me aguanté y me metí medio molestoso a leer las primeras líneas, pero la ceguera me cagó una vez más, así que catetié, catetié, hasta que mi linda novia soltó por fin las suave hojas de un envidiable papel cuche.

Me quiso decir algo, pero no la pesqué mucho, me metí de lleno en mi tropezada y a esa altura, alcoholizada lectura. Para empezar una bajada bastante fome, aunque se entiende, ya que a pesar de todo, la Rolling respeta ciertos códigos periodísticos, que yo entendio más bien como vicios de la profesión, pero en fin.

En el primer párrafo describe al público, catalogándolo como: “ansioso por pasarlo bien” y más adelante utiliza el término: “melómano”, para los que creen que en la música de Johansen encontraran una “rica mixtura” de ritmos y letras que “rayan con la intelectualidad”. Cosa que es bastante parecida a decir: “empezar un tema con arpegios de charango y que la cosa termine en una cumbia, digna de cualquier bailanta argentina, es por lo menos para parar la paila” y también bastante cercano a decir: “si más encima el tipo le agrega cierto peso literario a sus letras, la cosa pinta muy bien. Demasiado, para ser cierto”.

Ahí un pequeño cototo venoso se asomó en la frente y el cuello de mi afeitado rostro. Luego en el segundo párrafo, analiza el show del trío +2, al que define como: “agrupación considerada internacionalmente como la cabeza de la nueva música brasileña”. Extrañamente yo la denominé como:agrupación considerada por los especialistas como la nueva sangre de la música brasileña”. ¿? Y continúa. El intermedio lo enmarca como: “los técnicos entraron a la cancha para montar los instrumentos de The Nada, acompañado por los silbidos del público”, mientras que en mi articulo aparece: “rodies a la cancha y el olé, olé, olé Kevin, Kevin, por parte del respetable, cayó con una naturalidad casi lógica”.

Luego define a la banda soporte de Kevin como: “sólida y afiatada” y más abajo los declara como: “verdaderos expertos que se intercambian flautas traversas, saxos, una que otra guitarra roquera y un maravilloso charango”. Todo bien parecido a: “Musicalmente “The Nada” se muestra cohesionada, limpia y virtuosa. Los ocho músicos que comparten guitarra eléctrica, bajo, batería, flauta traversa, charango, quena, xilófono, saxofón, banjo y una percusión de-esas, asumen el rótulo de actor secundario sin ningún problema”. Cha-chann!!!

Prosigue el artículo de Sebastián Garay, alabando las virtudes de Johansen en la guitarra: “La guitarra que acompañó al argentino durante todo el show escapa de ser un mero elemento visual como la usaba por ejemplo Elvis. Aquí es un protagonista de la banda, con complejos ciclos de acordes y pegajosos rasgueos”. Esto, es bien parecido y no me puede decir que no a: “Y es que al escuchar bien la guitarra acústica de Johansen, uno se da cuenta que es la parte central de todos los temas que corren. A diferencia de otros song-writer que descansan bastante en su banda, la seis cuerdas, en este caso, no están de adorno colgadas del hombro izquierdo del igualito a Claudio López. No hablamos de La, Mi, Sol y listo. No señores. Es la parte neurálgica e imprescindible de la sonoridad que alcanzan en conjunto”. Aunque me parece muy acertado el palo al supuesto rey del rock, que bien poco tiene de eso.

A esta altura, a mi ya se me había acabado por unos segundos el ron malo y las venas aparecían en todo su esplendor. Pero la guea continuaba con esas extrañas similitudes. Kevin debe haber tocado por lo menos unos veinte temas, de los cuales yo elegí para mencionar al azar: “El Palomo”, Mc Guevara o Che Donalds” y “Atahualpa You Funky”, canciones que no fueron interpretadas de forma correlativa. Y siiiiiiiiiiiii. Sebastián Garay, mencionó los mismos y en el mismo orden: “El Palomo”, “Mc Guevara y Che Donalds”, destacando Atahualpa You Funky, un funk estándar con cortes de folclor andino en perfecta armonía”.

Demasiadas coincidencias creo yo, pero hasta podría suponer una mera casualidad, pero al finalizar la nota, el colega se cae al señalar que: “El cumbiero intelectual se despidió bajo una gran ovación y los gritos de mujeres que seguro deseaban ser su Daisy”. Lo que es una verdadera pelotudez, porque más allá de cualquier ironía, no creo que ninguna de las féminas presentes ese día, hubiese deseado que la comparen con un travesti, aunque en menor o mayor grado, todas sean unas come hombres. O no?

Ese final deja de manifiesto el poco conocimiento del periodista, denota la improvisación y el apuro. Se cae de maduro que hojeó, buscó por Internet, copió, pegó, arregló por aquí por allá y publicó. O estoy puro gueviando?

Es claro que es un tema debatible, ya que si bien es cierto, existe una estructura lógica para escribir acerca de un concierto y hay aspectos que sí o sí deben estar en el análisis, acá se observan demasiadas similitudes en la estructura, y en los aspectos para destacar.

Obviamente no es un plagio a secas, pero existe una copia disfrazada, adornada. Porque dato no menor, es que mi crónica fue publicada en paniko el 29 de junio, ósea dos días después del concert, mientras que la rolling apareció recién a principios de este mes.

Da rabia porque estos señores llegan faltando un minuto para que empiece el concierto – con suerte, siempre llegan tarde – tienen la mejor ubicación posible, tienen acceso a camarines, al vip, al cóctel, mientras que uno como buen guerrillero de la grabadora, para todo lo anterior, tiene que hablar con pedrito, juanito, dieguito y aún así, es difícil poder moverse con total libertad.

De todas formas, a mí nunca me han gustado las entradas preferenciales, claramente ahí no pasa nada entretenido. En lo de Johansen, estaba en el último piso, en la última fila, entiéndase, la gallá misma. Adelante se pierde la pasión, se enfría el miembro, se achica el corazón, falta el aire entre tanto bostezo.

Otro tema es como los medios grandes se pautean con los medios más chicos. Siempre había escuchado sobre temas robados entre colegas o sobre obtener una información oficial, que se supone que es para todos los medios, e irse medio escondido al canal, como que acá no ha pasado nada y tirar la nota a las nueve anunciándola como exclusiva.

A mi en el Austral me pasó, en el reportaje que hicimos con mi súper compañera de práctica, la Coté, sobre los foros de minas anoréxicas, en donde se intercambiaban datos sobre como vomitar sin ruido o como pasar piola los controles médicos. Fue portada de día domingo y causó impacto regional, porque la mina – líder del cuento, era una pelo lais de la zona. Extrañamente a la otra semana, LUN, sacó el mismo reportaje y con las mismas fuentes. Rastrearon lo mismo y modificaron – inventaron uno propio. Debate nacional. En fin, ¿gajes del oficio o deformaciones de la profesión? Usted elige.

Igual le voy a enviar mi molestia por email a estos lolitos de la Rolling Stones, si pasa algo, aunque lo dudo, les cuento. Ahora, si sus periodistas, antes de escribir sus notas leen paniko, ta bien igual. Algo dice eso. Fito para el final.

 

 


24Ago07

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.

Los perros románticos / Roberto Bolaño


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Apareció entre pedales y una Telecaster a finales del año 2004 y desde un principio no pasó desapercibido para nadie. Solista entre un medio inundado de bandas, con canciones de autor y un potente lírica entre una incipiente escena garaje.

En un principio, lo de Leo eran samplers repetitivos y su capacidad para ubicar en el papel una caminata por la cuidad. Con el tiempo y cuatro discos entre medio (Fallando, 1A, Leo Quinteros, Ahora! y el más reciente, Los accidentes del futuro) podemos develar a un tipo nostálgico, introspectivo y sonoramente clásico. En definitiva, un roquero globalizado, a veces abstracto y en otras dueño de una literalidad pura.

A Leo Quinteros cada día lo escuchan más y hasta el momento lleva una carrera en constante ascenso. Sus discos editados dejaron un buen gusto en el paladar del público y la critica especializada. Y sus presentaciones en vivo sorprenden porque nunca son iguales a la anterior. Actualmente, afina los detalles promocionales de “Los Accidentes del Futuro”, su primer LP tras Cápsula Discos y también su primer disco editado por su propio sello discográfico bautizado como Andes Empire, que además se vende en la Feria del Disco bajo Oveja Negra. Es el mismo que nos reveló a finales del año pasado y que hoy podemos saborear en trece nuevas canciones.

En un bar trasnochado de la Plaza Ñuñoa, conversamos acerca de su música, sus aspiraciones como artista, la escena independiente y algunos detalles de Los accidentes del futuro:

-¿Crees que tu fuerte son las letras por sobre tú música?
No lo creo, porque si no a la gente no le gustarían las canciones. Sería político, daría discursos. Puede ser lo débil de otros, pero no mi fuerte. El otro día hablaba con un amigo de eso, yo siempre hablo solo y quizás el hacer canciones sea la respuesta o la única forma de no seguir haciéndolo y así no pasar por un loco desadaptado.

-¿Qué sacas al limpio entre el nuevo disco y los anteriores?
Desde esta situación del mundo independiente en la que yo me muevo, el resultado de los discos, en cuanto a la sonoridad con la que finalmente quedan, son resultado de lo que tienes a mano para grabarlo. Situación que casi siempre no es de los mejores.

Por ejemplo, en el primer disco hubo una intención de jugar con ciertas herramientas que tenía en ese momento. Por eso el disco quedó con harta presencia de samplers y guitarra. En la otra placa, tenía mejores instrumentos y me aproveché de esa situación: tenía otros micrófonos, había un piano que aunque sea antiguo siempre va a sonar mejor que un sampler. Eso finalmente determina el resultado. Son discos distintos y lo único que los conecta soy yo y las canciones.

-Claro, y esa precariedad de implementos se puede transformar en una virtud. Como que obliga a usar más el ingenio quizás.
Es cierto, existe una mayor búsqueda. Sin embargo uno pierde mucho tiempo y grabar un disco no es un arte, es más bien una técnica. Tocar la música es un arte, por eso habría que desmitificar un tanto al indie en el sentido del heroísmo. A cualquiera le gustaría grabar en Abbey Road, con técnicos de bata blanca preocupados solamente de grabar y yo encargado de la música y de los músicos.

En definitiva, la mejor manera de hacer las cosas, sigue siendo la mejor manera de hacer las cosas.

-En relación a eso, también manejas tus videos ¿Cómo trabajas en audiovisual y cuéntanos de tu relación con Gabriel del Favero?
Lo trabajo en mi casa, que también es mi sala de ensayo y lo hago en términos súper artesanales. Se repite la misma lógica de la música, en cuanto a esa precariedad de la que hablábamos antes. Ahí comparto mucho con Gabriel y con otros artistas visuales que tienen su centro de operaciones ahí. Lo que ha dado como resultado, que el ideario gráfico de mi música se geste en esa instancia. Nos ayudamos entre todos. Es como un centro artístico, en donde confluyen distintas inquietudes.

-¿Piensas proyectar una especie de continuidad entre tus discos? Algo como una coherencia que se vaya marcando con el tiempo…
Yo creo que si va existir esa coherencia, pero en el largo plazo. Igual estoy aún muy encima de todo como para poder analizarlo bien. Como que no tengo la perspectiva adecuada para poder hacerlo. Además, recién son apenas tres discos editados. Pero creo que con Los accidentes del futuro se podría empezar a completar el puzzle y a quedar todo un poco más claro. Claramente espero encontrar esa coherencia.

-¿Cómo ves a la gran industria y al tema de la piratería?
Yo creo que la industria grande no existe mucho. La música que ofrecen las grandes multinacionales es todo igual. Si eres gringa te gusta Britney, si eres latina te gusta Jennifer López. Es un tipo de artista maqueteado, pero funciona. Siempre la gente va a pagar por un par de tetas. Ellos buscan la forma más simple de ganarse la plata. Trabajan con gente que pueden controlar de mejor forma y la piratería no es tema. Es sólo el formato y un disco no vale nada. Finalmente lo que queda y lo que subsiste en el tiempo, es el tipo que está tocando arriba de un escenario.

-Sobre accidentes, ¿Qué futuro le ves a la escena independiente?
Yo creo que mientras esta gente siga resistiendo, se va a ir haciendo cada vez mejor música. Hay cachao que típico en el colegio, cuando toca una banda como que toda la gente se va y claro, la mayoría parte tocando mal. Pero la gente tiene que entender que es súper difícil comprarte buenos equipos, estudiar música y lograr un sonido aceptable. Acá en Chile no es fácil crecer y desarrollarte en el cuento. Luchai contra todos. Es como pelear uno contra cien en cada momento.

-¿Y cómo va tu round?
Creo que hay cosas que se podrían haber hecho mejor, como creo que aún no tengo la exposición que merezco. Todo lo que hago, ha llegado al nivel que tiene hoy en día sólo producto de la música. Por ejemplo, nadie te llamó a ti para que me vinieras a entrevistar. En el sello al que pertenecía, nadie trabajaba las 24 horas en esto, por eso no había ningún tipo de planificación. Pero estoy satisfecho, ya que todo se ha dado como resultado de las canciones y de tocar harto. Eso me deja conforme. Pero creo que es el momento de que empiecen a pasar más cosas y por eso también decidí emprender un camino en solitario con mi propia casa disquera. Ojalás que esta apuesta permita que mi música llegue a más público. Veremos qué pasa.


Juntos eludimos el chaparrón y su inevitable consecuencia en el desnivelado pavimento capitalino. Ella se sujetaba de mi brazo izquierdo, mientras yo con el diestro trataba de protegerla, gracias al paraguas transparente de color amarillo. La escena la podríamos haber enmarcado quizás a modo de manifiesto. Eran los últimos momentos de un grupo de días bastantes intensos y hermosos. A mi se me aparecían imágenes, una tras otra, de las tantas cosas que pasamos. En el trayecto no hablábamos y a mi esos silencios no me molestan para nada. Esa es la complicidad que busco y que ahora tengo. Además, yo la miraba y su cabeza inclinada me dejaba claro que de alguna forma a ella la pasaba lo mismo. Esos son los momentos en que pienso en que perdemos bastante el tiempo en guevadas varias. Todo es jodidamente más simple y básico. Como ese momento o servir un desayuno con pan tostado con mantequilla, leer revistas viejas al lado de la estufa recostados en la alfombra o mirarla y observarla como si nada más importara, tan sólo eso. Ahí es cuando el pecho extrañamente se me hace chico e inevitablemente comienza a pedirme más aire, para exhalarlo al cabo de pocos segundos. Hace años que no sentía esto, las ganas parecían extinguidas a causa de quién sabe qué estupidez. Y cuando le pregunto que de dónde salió es para darle las gracias, por cada instante, por provocar que en mi florezca todo lo bueno y todo lo malo. Y nuestros miedos se combaten con honestidad brutal, nuestros pasados con madurez, y nuestro futuro con presente, con el día a día. Así me gusta vivir, así funciono, al cien por cien. De tu mano, de un lado, del otro y al revés. En claro y oscuro. Hace rato que se me pegó a la piel, la camiseta del deportivo “Chascona date una vuelta y andreloco fútbol club” y les digo al touch, que juntos le ganamos a cualquiera por goleada. Sólo tienen que elegir antes, si quieren boleta o factura. Avisen okay?


 

Híbrido es lo que mejor define al gringo-argentino precursor del tex-mex, la cumbia, el country y el folk. En clave portuñol, como su último disco, se presentó en Chile durante la semana. Música y letras subrayadas por la ironía de Kevin Johansen, en este review.

Cuando uno escucha al gringo-argentino Kevin Johansen, más allá de los hits correspondientes, por lo menos uno queda con la duda. Claro, algunos se pueden abrir de patas al mínimo sonido de un acorde y otros pueden declararlo como un snob cuelao. Ya dale, cada loco con su tema, pero espera.Nadie que tenga algún gustillo por la experimentación sin abecederario puede quedar indiferente ante semejante mezcolanza. Porque empezar un tema con arpegios de charango y que la cosa termine en una cumbia, digna de cualquier bailanta argentina, es por lo menos para parar la paila. Ahora, si más encima el tipo le agrega un peso literario a sus letras, la cosa pinta muy bien. Demasiado para ser cierto. Menos en estos tiempos que hablan de que cualquiera puede ser músico de la noche a la mañana con la ayuda de una fucking máquina.
En la fila con la chascona nos reíamos mientras tarareábamos a “Daisy”, “la come hombres”. La historia del travo que “desde chiquitito era chiquita y no jugaba a las muñequitas”. En eso, el canturreo fue interrumpido por bocinazos y gritos que daban cuenta de la capacidad goleadora del “Chupete Suazo” en el transitorio 2 a 2 de la Roja contra los ecuatorianos por la Copa América. Pasada la expectación nos cortan amablemente el ticket y un adelante señor terminó con la espera.

 

Pero el cartel traía un invitado de lujo antes del plato fuerte. Se trataba del trío, considerado por los especialistas como parte de la nueva sangre de la música brasileña, llamado +2 y que está compuesto por Moreno Veloso (hijo de Caetano y sobrino de María Bethania), Alexandre Bassin y Domenico Lancelotti, quienes en su primera visita al país, recorrieron a modo general sus tres discos: “Maquina de Escribir Música” (2001), “Sincerily Hot” (2004) y “Futurismo” (2007), lanzados todos bajo la placa “Luaka Bop”, propiedad del ex Talking Heads, David Byrne.

 

En alrededor de una hora los brasileños calentaron el ambiente transitando por un camino que traía pinceladas del jazz más clásico y algo de sicodelia experimental. Estilos que pusieron a prueba la cervical de más de alguno. Eso si, nunca dejaron de la lado la rica historia de la música brasileña, tan agradable para el oído y el espíritu. Punto negro para los imbeciles e ignorantes que dejaron caer algunas pifias, que por suerte fueron acalladas como una patada voladora en el hocico, por un aplauso cerrado a cargo del resto de los comensales. Roadies a la cancha.

El olé, olé, Kevin, Kevin, se dejó caer con una naturalidad casi lógica. El teatro repleto esperaba impaciente. Sin hacerse mucho de rogar, el “Piojo Johansen” y su banda “The Nada”, aparecieron en el ruedo a las 22:08, dejando caer el tema “No voy a ser yo”, que aparece en su tercer disco “City Zen” y que cuenta con la colaboración, en estudio, del yorugua Jorge Drexler.

 

La pregunta insolente del principio se retiraba sonrojada al cabo de unos cuantos minutos. Musicalmente “The Nada” se muestra cohesionada, limpia y virtuosa. Los ocho músicos que comparten guitarra eléctrica, bajo, batería, flauta traversa, charango, quena, xilófono, saxofón, banjo y una percusión de ésas, asumen el rotulo de actor secundario sin ningún problema.

 

Y es que al escuchar bien la guitarra acústica de Johansen, uno se da cuenta que es la parte central de todos los temas que corren. A diferencia de otros song-writer que descansan bastante en su banda, la seis cuerdas, en este caso, no está de adorno colgada del hombro izquierdo del igualito a Claudio López. No hablamos de La, Mi, Sol y listo. No señores y señoritas. Es la parte neurálgica e imprescindible de la sonoridad que alcanzan en conjunto.

 

“El Palomo”, “No seas Insegura”, “Atahualpa You Funky!”, “Ni Idea” y “Mc Guevara o Che Donalds”, se pasean como si estuviéramos en el living de la casa del nacido en Alaska. El público – entiéndase como niños de 5 años hasta abuelos de pasados los 60 – corean hasta los silencios. Se los saben de memoria y a la hora de bailar nadie se preocupa.

 

Una relación fluida y despierta que se ha cimentado desde 2004, año en que visitó por primera vez nuestro país, cuando la mayoría sólo lo reconocía por el tono grave de su voz en Down Whith My Baby, canción que aparecía en el genial culebrón trasandino llamado Resistiré. La primera gran aparición medial, aunque si nos ponemos un tanto melómanos, nos tendríamos que remontar hasta el año 87, en donde con su grupo de adolescencia “Instrucción Cívica” y a manos del hit o bueno, no hit – esos los canta Soda – “La chica tartamuda”, lograron cierta exposición medial por la lírica que apuntaba con el dedo a la dictadura militar del país vecino.

 

 

 

Casi dos horas de show, un bis y la verdad que del último disco bastante poco. Sólo “Anoche Soné Contigo”, “Road Movie” y “La Hamaca”. Convirtiendo este apartado en el único punto bajo del espectáculo. Él quizás consciente de ello – ante los gritos despavoridos que caían del respetable con el nombre de alguna nueva canción – auguró una próxima visita para fin de año.
Justo cuando aparezca “Jogo”, el hermano chico de “Logo”, agregando así, un eslabón más a esta cadena que tiene como inicio el año 2000 con el disco “The Nada” y que a lo largo de los años, lo hacen acrededor de una coherencia léxica y musical, basada en una multi – culturalidad a toda prueba. Acá el señor Johansen siempre será bienvenido. Su música lo hace imprescindible para estos tiempos, si es que con algo bueno nos queremos quedar de todo esta chet. Dale no más, go on.

 



Desde que llegué, siempre me dijeron que de él me debía cuidar. Que era capaz de hacerme abortar ciertos sueños, por lo cabrón, jodido y estricto de su formato. ¿Te gusta leer? Espérate a que te toque con Moras, me decían. Cuando aparecía por el patio, su transito no era como el de cualquiera. Todos los murmuraban y me lo presentaban con el dedo. Lo definían como el colador de la carrera. El que cortaba sin piedad ni misericordia. Yo no me preocupaba, aún faltaba mucho para encontrármelo cara a cara. Antes había una barrera que se llamaba Grandes Ideas Políticas de Occidente 1. Ramo semestral e introductorio con el filósofo, sociólogo, teólogo y miles de cosas más, llamado Hugo Cepeda.Don Hugo era piola. Nos hacía leer, pero nos trataba con cariño. Era como si tu abuelito te hiciera clases. Se podía hablar y tirar la talla sin problemas. Relax completo, tanto así, que el examen final, nos hizo hacer un ensaño en que teníamos que explicar a un público común y silvestre, la importancia de los pensadores de esto que llamamos Occidente. Un poco de creatividad fue suficiente y si mal no recuerdo, fue uno de los pocos 7 que me saqué en un examen. Nadie reprobó el ramo.

 

Al volver al ruedo al año siguiente, Moras se mantenía inalterable como profesor de cátedra de la continuación: Grandes Ideas Políticas de Occidente 2, pero con una diferencia sustancial. Este ramo era anual. La verdad es que nunca compré sobre los cucos hacía Moras. Y es que mi generación mayor, se caracterizó desde el mechoneo, por venderla en demasía. Sin embargo, apenas llegué a la primera clase, caché que no era ninguna joda. No por su trato, ni nada. La presencia de alrededor de quince alumnos del año siguiente en la sala, me sirvió pa cachar cómo se venía la mano. Todo empeoró cuando nos tiró en la cara su currículo que era, sin mentirles, interminable. Había estudiado y enseñado en Europa y hablaba varios idiomas. Como diría Benny: “Un capo” Yo de a poco empecé a hundirme en la silla. Habló un poco de la materia, leyó la bibliografía y las unidades del ramo y yo seguía hundiendome. Pero la guea se puso color de hormiga cuando adelantó que el examen final era formal y oral. Quería imponer una nueva forma, que detalló más o menos así: “Alrededor de doscientas preguntas, con toda la materia del año, sacan tres papelitos de una tómbola y deben responder dos” Se lo dije al Mauro: “Había que leer o cagabamos”. “No había dudas”.

 

Pasaban las clases y Moras confirmaba todos sus pergaminos de una forma que provocaba aparte de admiración, temor y mucho. Leía párrafos textuales de los libros, realizaba esquemas en la pizarra, contextualizaba, comparaba, se abstraía, tiraba la talla. Un verdadero ¡hijo de puta! Y claro, era obvio. Nos miraba bajo el hombro. El tipo les tiraba mierda a los periodistas. A mi vilipendiaba carrera, la trataba como la peor guea del mundo. Pero no en mala onda, yo lo tomaba como una ironía de las buenas. Si hasta para eso tenía gracia.

 

Ahí yo entendí que lo que había leído en mi vida, era la nada misma. Ni siquiera una pincelada del mundo que me mostraba don Sergio. Algunos empezaron a faltar a clases y a los tres meses de iniciado el semestre, el profe ya vaticinaba un río de sangre al final de temporada. Vino la primera prueba y me leí todo. Pero todo. Escribí como malo de la cabeza, mínimo tres carillas por ambos lados y sólo me alcanzó para un 45. No era bueno, pero estaba con vida y eso me tranquilizaba.

 

Físicamente Moras tenía un problema en su cara. Su costado izquierdo había sido victima de una parálisis que intimidaba aún más, porque por más que uno intentara decir algo más o menos coherente, la mitad de su rostro no evidenciaba ni una aprobación, ni tampoco desagrado. Von Hagen, alias el “Jugo”, entenderán el por qué, se encargó de retratar con un plumón, su extraña fisonomía, en una de la paredes del por ese entonces imperdible lugar de cheleo y otras sustancias, llamado en primera instancia “La Terraza” y más tarde “Carmobar”, cuyo nombre los gueones de diseño se encargaron de engrupir, para pasar al diminutivo y definitivo “Carmo”.

 

Día viernes medio curao, usted comprenderá, era imposible no pasar por dicho lugar y cagarse de la risa, y por qué no, maldecirlo. Llegó la primavera, el calorcito, las fiestas de la U, y la segunda prueba a la vuelta de la esquina. A todo esto, dos pruebas en el semestre. La primera de 30% y la segunda de 40. Olvídate de un taller o un trabajo para subir nota. Cero posibilidad, ni siquiera de negociar. Nada. Mientras tanto, la asistencia seguía en caída libre, incluida mi persona y por el aula pasaban los pensamientos de Kant, Nietzche, Rousseau y el maldito libro de “Critica a la Modernidad” del avanzado Michel Foucault, entre tantos más. Yo después llegaba, me conseguía los capítulos, los fotocopiaba y los empezaba a apilar uno arriba de otro, pero no leía. El tema es que de cien hojas pasamos a la friolera de más de quinientas. Un drama. El sólo intento de meterse a leer algo me provocaba escozor, menos sin la materia de clases que era fundamental.

 

Como dos días antes lo hice, por la poca responsabilidad que me quedaba en esa época medía turbia de mi vida. Obviamente no alcancé a leer todo. Ni cagando. Leí lo que pude y por tanto dejé algunos textos sin revisar. El día de la prueba, que a todo esto contenía tres preguntas, no me sabía una, así que estaba condenado. Me saqué un tres pelao. Mi sangre correría. Además yo andaba con la motivación por el suelo. Ya tenía decidido salirme de la carrera y la verdad no me interesaba mucho, pero opté por jugármela. No perdía nada.

 

Se acercaba la fecha del examen y el nerviosismo cundía. Necesitaba alrededor de un 4,5, tal como la gran parte de mis compañeros. Estudiaba por partes y hacía resúmenes, pero ahora las quinientas hojas se habían transformado en cerca de ochocientas sumando lo de la primera prueba. Ese era el desafío: leerlas y cachar pa donde iba la micro.

 

Con mis queridos compañeros no se nos ocurrió nada mejor que juntarnos el día anterior al examen para repasar y aclarar dudas existenciales en casa del Zorrón o Pepe Corti, según usted prefiera. Ese día en la tarde arreglé mi terno, limpié los zapatos, metí el puñado de hojas en el bolso y partí hasta el departamento de ubicación cercana a la U. El tema es que el Zorrón vivía solo y justo abajo había una botillería de horario extendido, lo que era una tentación extrema, pero a la que ninguno estaba dispuesto a ceder por el momento.

 

Tipo 8 de la noche, la cosa marchaba bastante bien. Hablábamos y discutíamos cada uno con sus apuntes. El que se sabía mejor alguna parte de la materia la explicaba al resto. Puta increíble. De vez en cuando, nos íbamos del tema y empezábamos a hablar del último carrete y nos preguntábamos si en definitiva éste con esta habían intimado. Al rato algo de fútbol y tallas personales, pero nada grave.

 

Tipo 11 comenzó la desesperación. Empezaron a salir cosas que algunos no habíamos considerado como importantes y no faltaba el gueón que te decía: ¿No leíste eso? “Won va segura, el profe me dijo” PTM!!! Unos me cagaban de honda a mí y yo de puro maricón me cagaba a otros. La psicosis llegó a tal punto que hasta el número de página era fundamental para el éxito. Se fueron sumando conceptos, ideas y voladas personales que eran insoportables e imposibles, hasta que el dueño de casa habló.

 

“Cabros yo digo que nos relajemos, podríamos comprar unas chelitas o un pisquito y nos calmamos porque así estamos cagados, después retomamos el hilo”. El que calla otorga y nos nosotros no dijimos ni pío.

 

Pusimos algo de música, Rata Blanca y los Cadillacs, si mal no recuerdo, y empezamos a relajarnos. Pero me faltaba. El dueño de casa no era cualquier tipo. No señores. Un poco mayor que nosotros, Zorrón era conocido como el Canitrot del curso. Se las sabía por libro. El gueón que siempre tenía la palabra justa para convencer a la mina que quería y al profe que quería. Siempre cuenteando y bravo pa la copia. Pero el Zorrón tenía las cosas claras: Salir lo antes posible del U, en una de esas trabajar en la tele y si no, laburar en Codelco que era donde mismo trabajaba su viejo, así que estaba más que movido para hacerlo.

 

Tipo cuatro de la mañana nos estábamos contando la vida y nuestros ataos de minas, rajas, pero raja de curaos. No había nada más que hacer. Cada uno mata su toro y la suerte ya estaba echada. Nunca más volvimos a pillar el hilo que habíamos dejado.

 

Ni les explico la caña del día siguiente. Nos bañamos y partimos a esperar nuestro turno, que era por sorteo. A las 8 de la mañana en punto. Pasaron casi todos los de la noche anterior y ninguno aprobaba. Me tocó a mí y tampoco. Necesitaba un 4.5 y el profe me puso un 4. Una respuesta buena y otra más o menos. Me cagó Foucault, justo el capitulo que no leí. Moras me preguntó que nota necesitaba y cuando le respondí, me miró y me dijo: “Creo que lo mejor es que nos veamos el otro año, te falta un poco Andrés”. Yo me quedé callado porque tenía razón y no soy naita llorón.

 

El funeral instalado afuera. Pensando en la paja del año siguiente. Yo igual estaba tranquilo, total se suponía que no volvería el Marzo siguiente. En eso, salió el Zorrón con una sonrisa de oreja a oreja, como diciendo: “Cabros, la hice de nuevo”. Y si la hizo. La leyenda cuenta que cuando le tocó responder una pregunta sobre Kant, ejemplificó y contextualizó con la realidad chilena en el año 73, mezclado con las consecuencias de la guerra fría, la revolución bolchevique y con las ganancias de la tía que vende completos con bebida por 650 pesos. Los que estaban presentes dicen que Moras se quedó callado un rato, lo miró y le dijo: “Rodrigo, la genialidad se premia, tienes un siete”. ¿De adónde sacó tanta labia? Eso es lo que aún nos preguntamos todos. Y necesitaba un 5.8. Estaba más perdido que todos y pasó el ramo, terminó en los cinco años y ahora trabaja en Codelco.

 

Yo al año siguiente volví con la cola entre las piernas, asumiendo que mi estadía se extendía definitivamente por un año más. Para mi suerte, cambiaron la malla y el ramo lo habían dividido en dos semestrales y con Sergio Moras incluido. Lo que pedagógicamente está demostrado que es mucho más afable y asegura un final menos apocalíptico que un ramo anual. Lo pasé sin problemas y puchas que me gustó Foucault, aún guardo los apuntes. Sin duda, aprendí más que de haberlo pasado antes, gracias a una inspiración casi divina.

 

Ayer me encontré con Moras en el Metro. Yo mirando el piso, colgado de los audífonos, cuando veo una mano estirada que se me acerca. Levanté la vista y era el mismo con su cara chueca, su lentes, su maletín y el abrigo azul. “Como está señor”, me dijo, mientras me hacía mierda la mano con el apretón. “Profe cómo está”, le respondí medio sorprendido. Y yo que justo le había comentado a mi chascona sobre su existencia el viernes en la noche.

 

Le pregunté por su programa de jazz que tiene en la radio de la U y me dijo que estaba fascinado. Me preguntó si a mí me gustaba. Yo le dije que claro, los clásicos, los que conocemos casi todos. Aunque le hice saber que conocía mucho más sobre las fusiones del jazz con el funk o acid jazz o nu jazz. Me preguntó por Herbie Hancock y hablamos del disco Head Hunters. Le pregunté sobre Maceo Parker y terminamos hablando de toda la banda que acompañaba primero a James Brown y después a George Clinton. Hablamos del nuevo catalogo de la Blue Note y quise ir más allá recomendandole a la banda chilena Aluzinati y a Yuyo de Negro Quinteto. Le di sus myspace. Quedamos en que un día me invitaría a su programa para que habláramos de esta arista. Encantado, sería un honor, le dije. La señorita anunció por el parlante la próxima estación y al rato me volvió a hacer mierda la mano. Yo me quedé pensando. Puta el viejo capo.


Puedo presumir de poco porque todo lo que toco se rompe. Te presté un corazón loco que se dobla con el viento y se rompe. Yo te prometí hacer deporte pero era una mentira para robarte un tal vez. El fuera-de-juego era evidente y en la frente me escribí tu nombre por primera vez, y todo lo demás también.


News

06Jun07

Después de más de cinco semanas me entragaron la nota y ahora oficialmente soy un profesional de las comunicaciones, mientras al nuevo director de mi carrera, lo acusan por no decir la verdad en tiempos ya pasados. Estuve fuera de la red por un mes de puro enredado y maldito que soy, aunque fue lo mejor que pude haber hecho. Por estos días soy parte de una especie de reality show, en donde al terminar cada jornada me dicen si debo volver. Hasta ahora vamos punteando las votaciones. Eso si, por otro lado me ofrecen un laburo que tiene olor a mafioso italiano. Tengo que enseñar a cobrar de manera sutil y elegante. Vaya Cosa. Lo de abajo es a modo de resumen. Gente, mi guitarra y mi voz. Letra y música de Andrés Calamaro. La U se acabó hace rato, pero ahora si que me siento completamente fuera de ella. Día y noche. En una casa en el aire cantamos clásicos del bossa nova, Silvio y el gallego de Sabina. Hace rato que no suspiraba de la nada y hace rato que no me sentía mejor acompañado que solo. No deja de sorprenderme el cambio en la persepción de todo lo que toco y todo lo que hago. Seguir, seguir, seguir. Porque sí, porque si, porque sí. Enredadera arriba. De tu mano, del lado, del otro y al revés.


Si un día mi pieza se quema no quiero perder todo y por eso subo cosas viejas. Nuevamente estilo con las queridas marcelas. Ah propósito, todavía ni luces de mi nota en el reportaje de titulo. Se cumplieron tres semanas ya, pero el informe que falta, lo tiene que hacer un profe que se fue a Brasil por la visita del Papa. Joder. Con respecto al personajes. Na po. Otro que se cambió pal bando enemigo. Hay que sobrevivir dicen.

Dice que la Iglesia Católica es una secta, pero cada vez que termina su programa se encomienda a Sor Teresita de los Andes. Es político, pero políticamente incorrecto y no escatima epítetos para nada ni nadie; Joaquín Lavín, Ricardo Lagos, George W. Bus y Hermógenes Pérez de Arce, entre muchos otros. Así es José Miguel Villouta. Provocativo, deslenguado, punzante y critico. No esconde su postura pro gay, al contrario, se encarga de difundirla como un estilo de vida normal e inofensivo.El estudio es pequeño. Una cámara, el telón verde en su espalda, una mesas y sillas. Nada más. Todo esto basta, al parecer, para hacer de “El Interruptor”, el programa juvenil con más neurona de la televisión chilena.

José Miguel entra al estudio con una polera marca “Weapretadísima, que deja ver el cuidado que tiene por su físico. Es la estrella del modesto lugar y eso lo sabe. Arregla su pelo y “pinta el mono” frente a la cámara de plano americano fijo. Tira la talla, se mueve, habla solo, está en trance. Falta poco para salir al aire. 3,2,1. ¡Va Jose!. Pareciera que una extraña fuerza se apodera de su cuerpo. Frunce el ceño, toma su paleta de apuntes y el show comienza. ¡Al aire!.

 

Villouta tiene 26 años y hasta el momento no es nada en la vida. Estudió periodismo en la UDP, pero se salió porque no le estaban enseñando a ser periodista, sino que lo estaban transformando en un maldito funcionario, con todo el respeto que merecen ellos eso si. Después hizo preuniversitario en el Pedro de Valdivia para buscar nuevos horizontes, pero recayó con lo del periodismo, pero esta vez en la Universidad Sek. La misma historia. Dos años y para la casa.

 

Pero el aparente fracaso no es la realidad de su vida, ya que a los 16 años ingresó al taller literario de Alberto Fuguet en la “Zona de Contacto”, en donde dejó de ser tratado como el personaje “friki”, para ser parte de un mundo de inquietudes similares. No todo es jugar a la pelota, dicen algunos.

 

El resultado de ese trabajo se materializó en el libro “Cuentos con Walkman”, pero Villouta no se quedó ahí y comenzó a experimentar con criticas de música y cine. Cumplió 19 años y de golpe se vio enfrentado a una de las cámaras, del en ese entonces nuevo canal 2 Rock and Pop, con quizás, la génesis del Interruptor. El colorinche y recordado “Súper Pop”.

 

Al rato pasó a Radio Carolina con su programa “Caído del Catre” y luego emigró hasta la radio Rock and Pop, en donde lo echaron por garabatear a los jueces de la Corte Suprema, que le negaron remedios a los enfermos de SIDA. Na que erss. Un rato en televisión abierta en programas como “La Mañana del Trece” y “Pantalla Abierta”, hasta recaer en el último rincón de éste mugriento callejón de Bellavista. Si señor, canal “Vía X”, año 2002.

 

En este lugar, además del Interruptor, Villouta también ideó el programa “Marcha Blanca”, conducido por la preciosura de mujer llamada Blanca Lewín y “Talla 16″, de la tiernucha Millaray Viera.

 

 

 

Termina la primera nota.Esto es Bjork y su tema It´s oh so quiet, acá en “El Interruptor”.
Chasquido de dedos y Villouta desaparece de la pantalla.

 

 

 

 

 

 

 

 

It´s oh so quiet
José, ¿teni´un papelillo?
It´s oh so still
Puta, gueona, si me hubiesei pedido hace 10 minutos tenía
Youre all alone
And so peaceful until
You blow a fuse

Zing boom
¿Vieron lo ordinario del “reality”del 7?
The devil cuts loose
Se pasó, la guea ordinaria. No le llega ni a los talones a “Protagonistas de la Fama”.
Zing boom
So what´s the use

Cero producción.
Wow bam

Chasquido tras chasquido, el Jose aparece y desaparece de la pantalla. No deja que fumen en el estudio, ya que gracias a Sor Teresa lo dejó. “No es una ironía, al final todo necesitamos tener fe en algo”. El reloj avanza.En la calle le hacen buenos comentarios del programa, sólo tres o cuatro veces le han gritado: “maricón” o “hueco”, pero nada en mala onda. A diferencia de cuando trabajaba en la “Mañana del Trece”, en donde no podía salir a la calle porque lo subían al columpio a cada rato.

 

No siente que la ironía atraiga a su público, según él, lo que llama la atención de programa es el tratamiento de la noticia. “En el fondo hay que aprender a contar historias. Yo he trabajado con periodistas que cuando leo sus libretos, digo. Pero gueón, dónde está la historia en esto. La gente necesitan que le cuenten una historia, no que la alarmen gratuitamente con un hecho”.

 

El único límite de Villouta es la violencia explicita. Otro no, ya que cuando ve la cosas que ocurren en el país, no duda. “Cuando no hay plata para el gasto social, pero si hay plata para financiar las campañas políticas, la critica me sale de la guata y me hago responsable de mis dichos”.

 

Ultima pausa. Son cerca de la una de la madrugada, pero Villouta no se ve cansado, al contrario, se ve activo, motivado y sigue disparando. Ahora, como es costumbre critica la columna semanal de Hermógenes Pérez de Arce que llama a seguir achicando el rol del estado.

 

El canal luce vació. Sólo queda él, la coordinadora de piso, el director y nosotros. Y la escena es perfecta para que este chico intelectual y alternativo, siga cargando sus pistolas con la ironía de la más pura calaña. De paso, continúa sacando de quicio a más de algún conservador de la Old School. Así, onda José Miguel Villouta. Política y jodidamante incorrecto.


Día Cero

10Abr07

El papel con el puto tema que no quería, se pegó en mi dedo al interior de la bolsa ziploc que sostenía el profe nerd, que además será mi guía espiritual en esta semana titular. Pero el desagrado me duró un rato no más.Mientras caminaba hasta el Ministerio de Moda me auto-ayudaba para controlar el gueón RBD e inconformista que llevo dentro. ¡Ya, dale!. “Escribamos algo de verdad, como te enseñó tu profe mercurial. Así prolijo, con ritmo. Preocupado de la formalidad. Saca buenas fotos, habla con los gueones y demuestra una vez más y para que no queden dudas, de que estai hecho”. “No sigai llorando por lo repetido del tema, no te hagai la guagua”. Ya conchetumadre, le dije. Igual teni razón.

Iba a tantear el terreno, porque lo más seguro es que Amunategui 139 se transforme en mi punto fijo por estos días. Como resultado de hoy: 120 minutos esperando en el hall del edificio para que se dignaran a hablar y no decir nada, y cuatro horas devorando diarios en la biblioteca de la U, solamente para cachar pa´ adonde van la cromis miti – miti.

 

La pregunta que se asoma a pasos agigantados es qué pasa si Cortázar se va a regiones?. No guevee po ministro. Chago City lo necesita más que nunca. Y así. Yo en este momento debería estar revisando artículos, viendo el ángulo, aristas y todo eso que incluye el primer día de reporteo. Pero que va. Por último que sirva para relajar un poco los dedos. Como dice el zar de San Vicente y amigo personal Gastón Soto. ¡Se viene jodio ah! Fecha de vencimiento el próximo lunes y claramente terminaré con taquicardia, sudor de manos, ojeras y algún problema estomacal. Pero si hay que amanecerse y no dormir, no será nada nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y el Vive Latino?. Chutas. Como que voy igual no más. Es que no puedo faltar, es como una obligación ser parte de semejante desbande a tres cuadras de mi casa. El jueves termina The OC con la exquisita Summer incluida. ¡Que pedazo de mina por Dios! El domingo me quedé hasta las cuatro de la mañana viendo Garaje Olimpo. Puta que es buena esa peli argenta. Por qué acá nunca han hecho una guea así. Onda Villa Grimaldi. Roxana te debo el comentario de los cardinales. No lo he olvidado. Ideas sueltas al final. Adelante compañeros en estudio.

Buena onda los señores matorrales. Se viene el disco nuevo